Raquel Forner:
revelaciones espaciales

Un diálogo ficcional con Raquel Forner para conocer sus primeros pasos como artista, su formación dentro del Grupo de París y cómo llegó a sentar las bases de sus afamadas series, entre la que se destacan los ¨Astroseres¨ realizados en pleno auge de la carrera aeroespacial de la segunda mitad del siglo XX.

Obras destacadas
de la exposición

El astronauta que perdió su rostro
Serie Los astronautas
1970
Óleo sobre tela
195 x 215 cm
Colección Fundación Forner-Bigatti

Movilizada por la conquista del espacio acontecida durante la guerra fría, y trayendo a nuestros ojos colores estridentes e intensos, Raquel Forner nos presenta una obra de grandes dimensiones que nos invita a viajar y dejarnos llevar por el misterio, el azar y la curiosidad.

En esta pieza, figuras extrañas (lejanas a las formas que conocemos) conviven con aquel astronauta sin rostro cuya pulsión por descubrir nuevos e infinitos universos sigue viva en nosotros.
Su búsqueda por un futuro incierto para los seres humanos es observada por aquellos personajes que, según la propia artista, representan a todos los seres que velan por la travesía de aquel astronauta.

De esta forma, Raquel Forner nos propone que a pesar de las miles de diferencias culturales que podemos encontrar a lo largo de nuestro planeta, se puede afirmar que solo existen dos tipos de seres: aquellos sujetos monocromáticos que viven una vida sin futuro y aquellos otros, llenos de colores, ritmos y vibraciones, que sueñan con un mañana mejor.

PARA VER CON ATENCIÓN

— El juego de contrastes generado por los colores.
— La espontaneidad de la artista y su libertad a la hora de trabajar con el pincel.
— Las texturas generadas sobre el lienzo.

¿SABÍAS QUÉ?

Raquel Forner perteneció al Grupo de París (artistas plásticos argentinos residentes en París en la segunda década del siglo XX) junto a Aquiles Badi, Héctor Basaldúa, Alfredo Bigatti, Lino Enea Spilimbergo, Horacio Butler, Juan del Prete y Antonio Berni. Artistas de este grupo como Forner, Spilimbergo y Berni comparten la particularidad de representar rostros con ojos grandes y de forma almendrada. Esta curiosidad, herencia de su maestro André Lhote, puede apreciarse en varias obras expuestas en el Museo Nacional de Bellas Arte

Supervivencia
Serie Del espacio
1973
Óleo sobre tela
130 x 162 cm
Colección Fundación Forner-Bigatti

En una época dónde el interés científico y los avances tecnológicos crecían a ritmo vertiginoso, Raquel Forner propone abandonar el protagonismo del ser humano en el arte. Para ella el foco central debía ser otro: no las personas que habitan en la Tierra, sino aquellas figuras que trascienden y dejan atrás lo conocido para explorar nuevos mundos, nuevas dimensiones y nuevas realidades.

En este viaje por el cosmos nuestro protagonista, quien ocupa la mayor parte de la composición, logra abrir su camino en compañía de otros seres astrales que (gracias al uso de líneas curvas y pinceladas sueltas) danzan rítmicamente en la obra, iluminados todos ellos por una paleta de colores cálidos y estridentes; demostrando así que a través de la exploración, todos podemos abrir nuestros sentidos y viajar más allá de nuestros propios límites.

De esta forma, empezamos a pensar que el estudio del universo puede convertirse también en un viaje al autodescubrimiento, para llevarnos más allá de nuestros sentidos y deambular por rincones inexplorados de nuestra mente dando rienda suelta a nuestra imaginación y, gracias a Raquel Forner, al arte Moderno. 

PARA VER CON ATENCIÓN

— Los trazos sueltos y la paleta de colores estridentes
— El uso de líneas orgánicas y curvas que logran aportar un ritmo envolvente la obra
— Los diferentes tamaños de cada personaje, destacando más a uno que otros, logrando un equilibrio visual y compositivo.

¿SABÍAS QUÉ?

Además de exhibir en las principales instituciones culturales del mundo, Forner tuvo el privilegio de presentar su producción en el Space Center Houston (el centro oficial de visitantes de la NASA). Y además, la obra El regreso de los astronautas (1969) fue adquirida por el Museo de Arte de la NASA pasando a formar parte de la colección permanente de la agencia aeroespacial norteamericana exhibida en el Smithsonian National Air and Space Museum (Washington DC).

+ Para continuar explorando

Raquel Forner
(Argentina, Buenos Aires, 1902-1988)
Composición, 1934
Óleo sobre tela, 100 x 80 cm.
Inv. 1730

Obra donada por la Asociación en 1934, luego de ser exhibida en el Salón de Pintores Modernos realizado en Amigos del Arte.

Forner ingresó al relato de la historia del arte argentino con una presencia insoslayable como integrante del grupo de artistas renovadores de las décadas de 1920 y 1930. En 1923 se graduó de profesora de dibujo en la Academia Nacional de Bellas Artes, unos años más tarde viajó a Europa y en 1929 asistió a los cursos de Othon Friesz. Al tiempo regresó a Argentina y en 1932 organizó junto a Domínguez Neira, Bigatti y Guttero los “Cursos Libres de Arte Plástico”, replicando la modalidad de los talleres libres existentes en París. En 1934 obtiene el segundo Premio en el Salón Nacional con Interludio, signando su presencia en la escena artística renovadora, como lo hiciera en 1924 cuando se presentó por primera vez al Salón Nacional y obtuvo el Tercer Premio, acompañada por la crítica de la época que reparó en la fuerza de su obra.

Dos figuras femeninas hermanadas: una clásica, otra moderna. Una viste una prenda colorada y abraza a la otra, una escultura antigua. Apoya su brazo izquierdo sobre la espalda y dirige su mirada hacia el mismo lado que la representación escultórica, imitando su pose: de perfil, mentón en alto, mirada plácida y decidida. Es una mujer nueva, resuelta y de manos fuertes: con una sostiene el hombro del brazo cercenado de la primera, con la otra un pez. Dos figuras de carácter monumental unidas por contacto físico. El pez se ubica en el centro de la composición, entre ambas.

Las figuras están enmarcadas en un paisaje nocturno marino. La luna por sobre la mujer moderna se deja ver entre nubes grises e ilumina el mar. Hacia la derecha su poder lumínico pierde evanescencia y deja aparecer oscuridad y un mar embravecido. Para 1934, Forner produjo un conjunto de pinturas de evocación clásica influida por figuras del retorno al orden picassiano. Presagio (1931), Interludio (1934), Ritmo (1934) son algunas que, junto a Composición, constituyen una etapa que se caracterizó por climas y ambientaciones que rememoran la antigüedad clásica con una latencia enigmática.

Entre varios de los tópicos sobre los que diagramó, la representación de las mujeres fue una constante, sobre todo el lugar de las modernas, anclando de esta manera su mirada en el presente inmediato. Para la mitología grecorromana el pez consagra el cambio y la transformación. En un contexto mundial donde el rol de las mujeres está cambiando radicalmente, Composición nos señala desde hace más de ochenta años una transformación posible para congregar una vida de mejor calidad.

Archivo documental

Nómina de las Obras de propiedad del Museo Nacional de Bellas Artes seleccionadas con destino al Pabellón Argentino en la Exposición Internacional de París, Buenos Aires, 23 de marzo de 1937.

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