Alfredo Hlito
Una terca permanencia

Salas 37 a 40 del primer piso

La muestra reúne más de 100 obras del artista haciendo foco en su producción avanzada y póstuma desde 1964 hasta 1993, año de su fallecimiento. La curadora Maria José Herrera nos propone salir del análisis formal de las obras para centrarnos en el proceso creativo de un artista que reflexiona sobre su práctica, valiéndose de la pintura como medio y de la producción literaria que realizó en paralelo.

Se exhiben por primera vez obras, bocetos y textos concebidos bajo el signo de la ‘efigie’, personaje mítico y enigmático de la muestra que nace de Simulacros y sufre transformaciones a lo largo de la producción del artista.

CONCEPTOS

AUDIOGUÍA

Bienvenidos a la muestra Alfredo Hlito. Una terca permanencia

1.

Posicionate en la entrada de la sala 39 y dale play al audio

Alfredo Hlito nace en Buenos Aires, en 1923. Ingresa a la escuela Nacional de Bellas Artes, pero no culmina sus estudios allí, haciendo de esto un acto de rebeldía frente a la enseñanza tradicional recibida. Su formación entonces es en parte autodidacta, y sus búsquedas son influenciadas por las vanguardias europeas tales como, el cubismo analítico y el constructivismo ruso.

Hacia 1940 se posiciona como una figura central en la vanguardia invencionista, movimiento que terminó de introducir oficialmente la abstracción en la Argentina. Con sólo 22 años creyó que otra forma de arte era posible y formó parte de lo que sería el primer movimiento de vanguardia plástica del país.

En 1945 forma parte de la Asociación Arte Concreto-Invención y firma el Manifiesto Invencionista en 1946.

En 1954 recibe el Premio Adquisición en la II Bienal de San Pablo y, al año siguiente, participa en la Bienal Internacional de Arte de Venecia. Sin lugar a dudas es un artista de gran renombre internacional y sus obras han sido adquiridas por múltiples galerías.

10 años más tarde,  en 1964, recibe y acepta la propuesta de cargo en Dirección de diseño para la prestigiosa Universidad Nacional Autónoma de México, donde se instala hasta 1973. 

Aquí inicia otra instancia de su producción; además de estar a cargo de las publicaciones gráficas de la Universidad, también resulta profético su encuentro con la cultura local.

2.

Ingresá a la sala 39 y observa las obras exhibidas en este sector. Luego posicionate frente a la Simulacro, 1965 y dale play al audio

En los años 40 y 50 Hlito protagoniza debates ligados al grupo de los concretos y el proyecto de vanguardia de arte concreto-invención. En este marco habla de la búsqueda de una pintura autorreferencial, que rechaza el naturalismo y la representación poniendo en evidencia el artificio de la materia.

Con el paso del tiempo desestima algunos de estos enunciados y elige sostener la idea de una pintura sin modelo, pensamiento que claramente, va en línea con la idea de la no-representación…

Hablemos de Simulacros: se trata de una pintura compuesta por líneas vibrantes que dan la sensación de movimiento y un fondo de manchas en colores claros, de aspecto atmosférico, casi a la manera de un cielo o un paisaje.

Si observamos las posibilidades de estas líneas, vemos que en su vibración y en contraste con el fondo, trascienden y se dispersan en el plano. Éste recurso será fundacional, ya que en la progresión de su trabajo, el artista irá cerrando estas líneas, en busca de una nueva imagen.

En esta obra, y en otros simulacros realizados, las líneas cobran un sentido protagónico y expansivo, que, en contraste con los valores cromáticos del fondo, se cierran y generan movimientos.

Si la primera etapa de Alfredo Hlito se centró en descomponer la imagen, eludiendo toda referencia a un objeto representado y enfatizando en el valor artificial de la pintura y el cuadro de caballete bidimensional; la etapa comprendida aquí, que va desde 1964 hasta 1993, busca poner en evidencia un camino inverso que realiza el artista:

1964 es un año bisagra para el artista: mientras realiza sus tareas de dirección gráfica en la Universidad, se encuentra con la cultura mesoamericana y más específicamente con las esculturas pétreas de monolitos precolombinos.

3.

Ingresá a la sala 40, observa las obras exhibidas en este sector y dale play al audio

4.

Ahora avanzá hacia el fondo de la sala

Obresvá las obras y posicionate frente a “Sin Título”, 1974. Dale play al siguiente audio

En México, Hlito trabaja con una pintura intimista. Desarrolla sus diarios personales y se encamina a la búsqueda de una imagen propia, alejada de cualquier tendencia respecto a los postulados del arte concreto; es entonces una etapa de ruptura y alejamiento.

Aquí se nutre de la observación de los monolitos o monumentos funerarios mexicanos.

Se trata de bloques de piedra modelados, grabados, con pictogramas o figuras incisas que destacan por su monumentalidad y su función comunicacional, ya que estos elementos no eran construídos con fines estéticos sino para llevar un mensaje o reunir información. Los monolitos son grandes estructuras geométricas con líneas pregnantes y configuradas en función de un texto.

Al parecer Hlito se vió atraído por esta idea y entonces, le otorgó a su sistema de líneas la posibilidad de cerrarse, configurarse en una forma y contener un mensaje disponible para aquél que pueda comprender el poder de la imagen.

En este sentido, el artista trabaja con presentaciones de formas y espacios que no coinciden con las formas visibles y cotidianas. Por ello, la idea de un observador reflexivo que devela la figura de la efigie, se torna fundamental.

Si nos posicionamos en el fondo de esta sala, nos encontramos con la obra seleccionada y debajo de ella, una serie de fotografías y bocetos, notas y textos exhibidos en una vitrina.

Aquí la curadora pone en diálogo la fotografía de un monolito o monumento funerario y la obra seleccionada, haciendo foco en el carácter fragmentario con que Hlito descompone la imagen del monumento, dándole incluso un carácter más orgánico.

Lo importante aquí es poder observar la estrategia de descomposición como un ejercicio de inspiración y punto de partida para el modelo que irá construyendo.

5.

Si das la vuelta, te encontrarás con una serie de pinturas abstractas con un patrón de motivos que se repiten.

6.

En este sector posicionate frente a “Iconostasis VIII”, de 1979 y dale play al audio

Obresvá las obras y posicionate frente a “Sin Título”, 1974. Dale play al siguiente audio

En este sector de la sala podemos observar cómo las líneas empiezan a configurar y confirmar figuras geometrizadas que se repiten en diferentes tamaños y posiciones, en un ejercicio reiterado y casi automático de estudio sobre el modelo encontrado.
Aquí, Hlito trasciende la línea y le otorga un sentido figurativo; con ella construye estructuras que se apoderan de la obra, dejando en un segundo plano las investigaciones en torno al color y centrándose, en cambio, en las variaciones tonales.
Con este primer hallazgo, Hlito empezó a esbozar su propia mitología de personajes, Efigies y Simulacros. En principio nos encontramos con grandes planos corpóreos, oscuros, monumentales y de contundencia pétrea, a la manera de la arquitectura precolombina de México.
Otra lectura posible para ésta obra es la de observar en la segmentación y la repetición del modelo una cita a la historia del arte:
Inspirado por un artículo sobre pintura religiosa rusa del Renacimiento se interesa por lo dicho acerca de los mobiliarios litúrgicos, más precisamente, el iconostasio. Se trata de una puerta, similar a un retablo, que divide el altar del ámbito profano. En ella se suele representar y reunir íconos religiosos, organizados según una jerarquía.
Para este entonces Hlito trabaja en varias tipologías de efigies y decide que su modelo debía ser diferente en cada composición y a su vez, similar. Entonces, el recurso de la cuadrícula abovedada de los iconostasios le sirvió para organizar su modelo en una composición de figuras hieráticas, otorgando al concepto de la efigie un sentido sacro y ceremonial.

7.

Ahora posicionate frente a “Efigie”, de 1977 y dale play al audio

Podemos observar que antes de llegar a este resultado el artista trabajó en la superposición de líneas, generando una pintura de capas con efecto tridimensional y con una paleta cromática que nos recuerda al cubismo analítico. Y no es casual vincularlo con esta vanguardia, en la medida en que el cubismo analítico presenta a la figura tridimensional desde diferentes puntos de vista a través de la superposición de imágenes. En este sentido, la figura es descompuesta en la cabeza del artista y reunificada en el lienzo de caballete, en todas sus caras y posiciones.

Un ejemplo de este ejercicio se da en la obra seleccionada, y en las que acompañan a este sector. Te invitamos a que contemples las obras de este segmento y luego le des play al siguiente audio.

8.

Saliendo de la sala 40, posicionate en la pared del costado izquierdo, observa los retratos que sobre la efigie y dale play al audio

Aquí las figuras son breves, de gestos y colores austeros, y lo interesante de este segmento es ver cómo Hlito sigue desarrollando variantes formales para los retratos de sus efigies. En este caso son figuras fragmentadas, que se ubican en el centro y ocupan casi en su totalidad el plano.

El tamaño de las imágenes alimenta la idea de una figura monumental e incluso arquitectónica.

Te cuento un dato curioso: Durante el siglo XVII y XVIII en el territorio hispánico existió un objeto devocional llamado vera efigie. Se trataba de retratos de pinturas, grabados, medallas con reproducciones de santos cuyos originales permanecían en sitios devocionales europeos. Junto a la imagen, se reproducía el contexto arquitectónico de las iglesias, por ej: nichos, columnas, cortinados, entre otros. Entonces no se trataba simplemente de retratos, sino de una composición de carácter religioso con un significado por descifrar.

Aquí una nueva referencia a la historia del arte podría ser recibida. Imaginamos entonces que Hlito, influenciado por la arquitectura mexicana, vincula sus retratos con estructuras que responden a las lógicas formales de monumentos y centros ceremoniales. Vemos cómo el artista modela sus figuras bajo los conceptos arquitectónicos de columnas y entablamento. Ésta composición es el origen y la base de la arquitectura; sus retratos entonces adquieren un valor constructivo y simbólico, y sus efigies, un sentido jeroglífico.

9.

Avanza a la sala 38B y obrseva las obras expuestas

10.

Luego posicionate frente a “Interpolación”, de 1986 y dale play al audio

En este núcleo nos encontramos con obras realizadas desde mediados de la década del ´80 a 1993, producción final del artista. Podemos observar la transformación que sufre la efigie, y a la vez, el devenir de un artista abstracto hacia la figuración.

Si bien la efigie tiene origen durante su estadía en México, Hlito continúa con este motivo a su regreso a Argentina. Tal como vimos, las primeras efigies destacaban por su rigidez geométrica, en cambio, los siguientes modelos sufrirán una metamorfosis acentuando el dominio de las curvas. Su efigie tiene ahora un aspecto humanizado y orgánico, que nos recuerda a las venus de la era paleolítica. Las venus son estatuillas femeninas de modesto tamaño pertenecientes a la cultura material de sociedades y eras pasadas, realizadas en diversos materiales propios de la naturaleza y de su territorio de origen.

Si nos posicionamos frente a la obra Interpolación nos encontramos con la expresión del color en una pintura que introduce dos figuras o efigies y una dimensión espacial, con base y fondo.

El título de la obra es utilizado para mencionar la heterogeneidad de sus figuras, o dicho de otra forma, para mencionar la incorporación de diferentes tipos de efigies en una escena. Las efigies conviven e incluso se vinculan en algunos rasgos con versiones anteriores. Algo interesante a destacar en esta obra es que, si bien alude a la figuración de un paisaje, éste ya estaba entredicho en los fondos atmosféricos de sus simulacros de la década de 1960.

El factor de novedad aquí es la utilización de la ventana en el cuadro o vedutta, generando la idea de un interior y un exterior, temática ampliamente trabajada en la historia del arte. También se introduce la idea de testigo o rostro que con su mirada da existencia a la efigie.

11.

Seguí observando las obras y luego ingresa a la sala 38A. 

12.

Luego, posicionate frente a Efigie observada, de 1992 y dale play al audio. o

Los últimos años de producción de Alfredo Hlito, expresados aquí, se distinguen por la presencia de elementos que conforman una cosmogonía o universo interior de la pintura, a la manera de un espacio onírico.
Aquí, nos centraremos en el periodo de 1990 a 1993. Esta etapa de madurez en donde la expresividad y la ingenuidad de los mundos son resaltados por el color, es a su vez un momento de gran lucidez e introspección del artista.
El arte aparece como metáfora del mundo, en una instancia de la pintura donde cíclopes, cavernas de míticos muros y seres designados por mantos asisten a la expansión del universo espiritual en la obra de Alfredo Hlito. Así es como nos encontramos con obras en donde el meteoro, la estrella fugaz y las nuevas iconostasis exhibidas están cargadas de un fuerte misticismo simbólico.
Además continúa trabajando en temas de pintura religiosa y referencias bíblicas. En Efigie observada, alude a la iconografía de Cristo muerto, apelando a su doble naturaleza: la divina y la humana. A su vez, los testigos o rostros evocan un ritual o expresión de duelo, agregando dramatismo en la lectura de la escena.

13.

Seguí recorriendo la muestra, luego posicionate frente a Ciudad lejana, de 1992 y dale play al audio

Esta obra se exhibe junto a otras como Exilio, Ciudad lejana, Ciudad celestial y Melancolía. En esta etapa la figura de la efigie antropomorfa es aislada por los recursos de una semiesfera o una roca y a lo lejos se despliega una pirámide de efigies geométricas, a la manera de una torre de Babel. Estas obras dan cuenta de un proceso permanente de transformación e imaginación en la combinación de figuras posibles.

Con estas formas inventadas y derivadas de estructuras lineales, Hlito crea un espacio mitológico propio.

Alfredo Hlito. Una terca permanencia, es sin dudas, una apuesta a la interpretación de la obra. Es decir que, esta exhibición no sólo se centra en el proceso creativo del artista, sino que además incorpora al espectador en la tarea de descifrar el significado de la obra.

Hlito, fue sin dudas un artista notable por su talento y por la mirada que le aportó al medio artístico. La contemplación y la participación del espectador en el mensaje de la obra son debates de la posmodernidad, que abrieron paso a las nuevas prácticas en el arte moderno y contemporáneo. Su lucidez permaneció intacta hasta sus últimos días dejando como legado una obra de gran complejidad, madurez e intensidad contundente.

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