David Lynch reintroduce el surrealismo como método activo: su cine no explica, hace visible lo reprimido. En Eraserhead (1977), la lógica del inconsciente sustituye al relato clásico mediante imágenes inquietantes. Carretera perdida (1997) y Mulholland Drive (2001) fragmentan identidad y tiempo, convirtiendo el sueño en pesadilla. Twin Peaks (1990) lleva lo siniestro a lo cotidiano. Lynch no estiliza el surrealismo: filma desde él. Su obra no se interpreta, se atraviesa como experiencia.
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