Lejos de una mirada idealizada, estas imágenes construyen una épica de lo cotidiano, donde el trabajo se vuelve protagonista y el color, vibrante, encendido, casi táctil, transforma la dureza del paisaje en una experiencia visual potente. La Boca aparece así como un territorio donde el oficio y la pintura se entrelazan, dando lugar a una identidad artística singular dentro del arte argentino.
“El barrio que se pintó así mismo” invita a recorrer estas obras desde su dimensión social, estética y simbólica, y nos ayuda a entender el rol de los artistas del pueblo y su intención de integrarse a la academia a través de escenas de la Boca.
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